
No sé si estuve anoche
o fue ayer,
no se si recuerdo
lo que he olvidado.
Solo sé que tu piel brillaba,
que mis manos de papel se deslizaban
por tu cuerpo,
por tu calma.
Perdí el norte cuando besé tus labios,
no eran rojos,
y no se terminaron.
Se tiñó mi gesto de alegría
cuando tu grito inundó la estancia.
Tus ojos se abrieron cuando llegaron al orgasmo,
me hiciste feliz
y comprendí por qué.
Amaneció otro día,
dentro de otro día
en una tarde de calor rompiendo.
Toqué tu cuerpo con mi mente,
fue demasiado eterno cómo para que pudiese suceder,
ahora estamos tranquilos,
nuestro sudor nos une pecho con espalda,
otro beso en el cuello,
otro abrazo
y nadie dice nada.
Me encanta el silencio
que no se oye cuando estás callada.
Alguien me dijo hoy
algo
pero no recuerdo qué.
.