domingo, 30 de diciembre de 2012

Destrucción



Me propongo morir
 lentamente en tus brazos,
 que mi último aliento entre por tu boca
y te calle para siempre,
que al pasar por tus alas
 te hiele el alma.
 Después cogeré mi espíritu
 y volveré de nuevo a mi cuerpo,
 para morir 
otra vez
 frente a tus ojos llorosos
 sobre la tristeza pálida.
 Así estaré hasta que no haya Dios,
 tan largo es esto,
 que como no lo hay,
 estaré siempre.






 Frente a ella un cuerpo inerte que respira de nuevo,
 una manera de anochecer
 para buscar luz donde solo hay tinieblas.
 Debería matarme,
 lo sé,
 pero no lo entiendo.
 A todos aquellos que piensan,
 que están convencidos
 de que soy un hijo de puta
 y un cabrón,
 os dedico mi vida.
 Antes no me gustaba esto
 pero me estoy empezando a acostumbrar.
 Empezar a tener miedo,
 porque ni siquiera el amor
 puede pararme ahora. 





. .