Somos despojos,
amigo,
trozos del corazón del más allá.
Ni siquiera
somos únicos.
Nos preocupamos por el dinero,
por el futuro,
por una casa
o por el tiempo.
No comprendemos
que no tenemos nada,
todo se evapora.
EL 21 cambiarán nuestras moléculas,
para que hablaremos con nuestros muertos.
Veremos,
de una vez por todas,
entre los recovecos,
entre voces de los hombres buenos
entre voces de los hombres buenos
de nuestro rincón.
Pero no nos reconoceremos,
sin nuestro pelo,
nuestro rostro sujeto al hueso,
nuestra expresión sujeta.
No sabremos disfrutar
sin nuestros genitales,
nuestros pesos,
besos,
a las siete de la mañana,
desnudos y borrachos
deseando que pase algo
o que no pase nada.
.
