lunes, 20 de febrero de 2012

EL OJO DE CIELO




Te has marchado ahora,
lo se porque no te veo.

Estarás esperándome,
espero.

Rondarás mi casa
y mi alma.

No olvides con el tiempo,
eso se hace con el corazón.

No dejes de imaginar ángeles,
te ayudarán en la aventura
de buscarme y no encontrarme,
de amarme, mientras estás buscándome,
de querer la busqueda,
para amar encontrándome.

Recuerda que te fuiste
por tus ganas de vida,
no olvides que pensaste que era muerte,
lo que yo soy.

Destrozado en mis espíritus,
emprendo mi viaje,
me quedaré dormido
en el regazo del aire
y nunca más nadie
podrá tocarme.

Soy un buzo
dentro de la tierra,
no es donde debería estar,
pero allí me abandonaron.






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domingo, 19 de febrero de 2012

POEMA TRISTE Y LA SEÑAL DE FUEGO


LA SEÑAL DE FUEGO

Aquí donde del seno de los mares
La isla surgió, cual ara gigantesca
De peñascos enormes fabricada,
Aquí ha encendido bajo el hosco cielo
Zaratustra la hoguera de las cumbres ...
Signo de fuego para los navíos
Perdidos en el mar, interrogante
Para aquellos que tienen la respuesta.
Esta gran llama de grisáceo vientre
Golosa lame frías lontananzas
Y su cuello cimbrea hacia regiones
Más, puras cada vez y más sublimes.
¡Misteriosa serpiente enderezada
Ante mis ansias, signo interrogante
Que yo me puse un día ante mí mismo!



Mi alma, mi alma misma es esta llama.
Insaciable hacia nuevas lontananzas,
Hacia más alto, siempre hacia más alto
Lanza los dardos de su ardor sereno.
¿Por qué huyó de los hombres y animales
Zaratustra? ¿Por qué pasó de largo
Por toda tierra firme y habitada?

Seis soledades son las que él conoce ...
Pero el mar mismo para él no era
Bastante solitario, y esta isla
Le convidó a echar pie; subió a la cumbre;
Llegó a la culnbre y convirtióse en llama;
Y buscando en la altura una quimérica
Séptima soledad, su arpón arroja
Al éter por encima su cabeza.



¡Naves perdidas en las olas! ¡Ruinas
De ya antiguas estrellas! ¡Oh, vosotros, Mares del porvenir! ¡Inexploradas
Esferas celestiales! Hacia todo
Lo solitario lanzo el arpón mío.
¡Ah! Da respuesta al impaciente anhelo
De la llama, aprisiona entre tus redes
Al pescador que mora en altas cumbres,
Séptima soledad de mis ensueños,
¡Ah, soledad postrera de mi vida!


F. NIETZSCHE



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