Escúpeme en la cara,
después de darme un beso,
presiona con tus manos
mi garganta,
ahógame dulcemente,
mientras intercambiamos
nuestros fluidos.
Así llegaremos a ese lugar,
dormiremos en cunas de mármol
y almohadas de incendio,
mojaremos todo lo que hay alrededor.
Sangre,
sudor
y lágrimas.
Pero no para aguantar una guerra,
sino las embestidas
contra nuestro corazón.
Ahora estás chorreante,
tu saliva se derrama de su cazo,
llena esta garganta,
paras de jugar,
y haces daño.
Los líquidos de tu agujero
se mezclan con la sangre del suelo,
ha llegado el momento de parar,
antes de que estemos muertos.
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