Vamos descubriendo al dibujar
la línea que une nuestras vidas.
Somos dos en un reglón
que se tuerce cuando nos distanciamos.
¿Crecieron nuestros tayos
para desnudar pètalos en la lluvia?
Crecieron pensando en la luz
y no en sus destellos.
No se equivocaron al pensar,
que se equivocaron al actuar.
No son sus gritos lo que oigo
es el llanto de mi hijo
que nunca vendrà a verme
por Calle Laberinto.
Estuviste a punto de llegar
pero cuando te diste cuenta
te habias pasado la salida.
Tuviste que volver a entrar.
No eres mas que un nudo de ilusión
que durante muchos instantes
tu cuerpo moldearon.
No eres mas que el recuerdo de lo que se fué
y del olvido
que ello conlleva.
Fuimos dos en un reglón
que torcido
cumplia sus funciones
y nos despertaba con calor
cada dìa.
Erasmos dos en un reglón
que aunque torcido
enunciaba un grito a la vida,
un entusiasmo corrompido,
una locura incandesciente.
Eramos dos para un reglón
y nos salimos.
No puedo creer que al final
sea yò
quien perturba tu voluntad.
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