A travès de sus ojos podia ver el mar.
Un día perfecto
de mar
en invierno.
Dentro de su voz
se derramaba savia
de todos los soles,
que era capaz de retener.
No me confundía nunca,
no desaparecía
de ningùn sitio.
Soy como una vieja noria
en la que nadie monta
pero sigue girando.
Donde están ahora esos regalos?
No llegué a abrirlos
tenían un envoltorio tan bonito....
Nadie viene ya,
eran muchos mis feligreses.
Me asomo al filo de este abismo
que se abre bajo mis piés
para ver el mundo
y lanzarme a él,
para no olvidar,
para no recordar,
para no dormir,
cuando estemos desnudos.
Ahora soy como una casa vacía,
donde no hay luz,
donde no ocurre nada.
Donde ni si quiera el tiempo pasa
y todo
porque allí
no vive nadie.
.
